jueves, 26 de mayo de 2016

martes, 10 de mayo de 2016

Pakistán Records, una blognovela colectiva

Pakistán Records
Pakistán Records en Facebook
Pakistán Records en Soundcloud

"Se trata de una blognovela que narra la historia de una ficticia disquera provinciana, milenarista, mítica, conceptuosa, atrabiliaria, decadente, nula (en el sentido bravovareliano del término) y rocanrolera que supuestamente se estableció en los 90 en una mansión semiderruida en las inmediaciones de un pueblititito llamado Pakistán, municipio de General Cepeda, Coahuila. Una disquera que cerró sus puertas en algún momento anterior o posterior al año 2000 (los datos no son muy claros)."

lunes, 8 de febrero de 2016

niebla


Siete diez y nueve de la mañana. Amanecí con la almohada entre las rodillas. Me froto las piernas con las plantas de los pies, es una sensación que aviva. Estoy entre una cobija oscura y una colcha aborregada clara. La habitación está caliente. Afuera la temperatura es fría, siete grados. La luz del sol entra por los bordes de las cortinas, apenas una rendija que se anuncia. Soñé contigo. No estoy segura del sueño solo del protagonista. Salgo de la cama a prender la cafetera. Página tras página leo una novela mientras dura la taza de café que no despierta el ánimo. Ayer me bañé antes de ir a dormir. Me vestí con el suéter largo verde y me corté las uñas de los pies, lastimé un dedo grande desenterrándolo. Envolví los restos en la toalla húmeda. Desde hace dos días he visto en fragmentos Identificazione di una donna de Michelangelo Antonioni. Una atmósfera con niebla. Escribí sobre lo hecho en el seminario, hay multiplicidad: acumulación que solo al tiempo se puede percibir. Anoté en el pizarrón cuatro proyectos literarios: una novela corta, un libro de cuentos y poemas, una crónica de la ciudad y una antología de la casa. Se despeja, veo aclarado el horizonte. Los días han enrarecido por causas insignificantes y enormes. Eros y la búsqueda. Amar lo que no se tiene. Y después de tenerlo, odiar. Conversaciones que brillan sin profundizar. Una botella al mar no necesita respuesta. Escribir para el lector ideal, que está allá afuera, fuera de mí. Pasar acostada en el sillón envuelta en lo triste de la vida que es alegría. Enfermar un poco el cuerpo. No prender la luz de la casa hasta acostumbrarse a la penumbra. Enroscar el foco de la lámpara. Poner el password de la pantalla. Aventar el mensaje.


lunes, 25 de enero de 2016

carta de amor


Había una vez una profesora de Teoría Aplicada a la Arquitectura que quería recibir una carta de amor. El inicio del semestre Enero—Julio 2016 en la Universidad Autónoma de Nuevo León la llena de optimismo conflictivo. El rush de la primera sesión: alumnos con sus mejores prendas, el entusiasmo renovado, las promesas de dedicación, interés, compromiso; y el estrés de alrededor de trescientos discípulos que atender.

—Vamos a hacer un grupo de Facebook para estar comunicados, se llama EJ2016 La ciudad vivida, ya saben que la plataforma NEXUS tiene algunas caídas intempestivas y sé que están conectados casi todo el tiempo. Las diez y seis semanas de clases vamos a dedicarlas a hacer un retrato de Monterrey. Para la próxima sesión quiero que escriban un texto donde me narren la experiencia de habitarla. Después, van a hacer un dibujo que ilustre el texto. Luego, tienen que esforzarse y pasar de usuarios a investigadores: van a hacer un inventario de sistemas, elementos y unidades urbano—arquitectónicas de la forma, del ornato y de la estructura de la ciudad. Ahora no entienden bien lo que les pido, tengan paciencia, se va a aclarar el panorama. Voy a contarles algo: hay un escritor turco que se llama Orhan Pamuk. Me enteré de su existencia porque le otorgaron el Premio Nobel de Literatura en 2006 y en su biografía se menciona que dejó la escuela de Arquitectura para ser novelista. Que raro, ¿no? Bueno, encontré una reseña del documental Innocence of Memories, basado en su novela El museo de la inocencia. Dice ahí que concibió al mismo tiempo la novela y el museo que construyó en Estambul. Su sueño era abrir el museo el mismo día en que la novela fuera publicada, pero terminó primero el libro. Más adelante compró la primera pieza de la colección, un edificio de 120 años en Çukurcuma en donde albergar el museo. Yo también he pensado que la literatura y la arquitectura están muy cerca. 

Este invierno me sucedieron dos cosas que me perturbaron. La primera es que leí la novela Bonsái que escribió Alejandro Zambra. Es un libro que aparenta simplicidad, pero después de releerlo me di cuenta que tiene capas. Y pensé, es como un edificio. Es la historia de Emilia y Julio, “Al final ella muere y él se queda solo…”, esta es la primera frase del libro; también es una lista de los pololos de Emilia, “El cuarto es Emilio”; además se da cuenta de la iniciación sexual de Julio, pactada con su prima Isadora; por otro lado es una historia liviana que se pone pesada, “dos estudiantes aficionados a la verdad… y a encerrarse en la violenta complacencia”; es sobre la costumbre de leer en voz alta antes de follar; es también sobre el azar que afecta a una pareja; sobre la ruptura con Proust y quedarse en la página 372 de Por el camino de Swann; es sobre un incidente que separa a dos amigas y su reencuentro; es sobre el idilio posterior de Julio con María que inicia por dos botellas de vino y la primer mentira que le hace a ella; es sobre escribir novelas innecesarias; es sobre hacer un bonsái; es sobre “la primera noche en el mundo con Emilia muerta”; y es incluso sobre enterarse del suicidio de “la única mujer que realmente ha amado” y un viaje largo en taxi, sin música.




La segunda cosa, que todavía no termina y me sigue perturbando, es la lectura de la novela más reciente de Pamuk, Una sensación extraña. Es un retrato de la ciudad de Estambul, pero desde el punto de vista de un vendedor callejero llamado Mevlut Karatas. O sea, es el mismo ejercicio de su libro Estambul: ciudad y recuerdos, pero narrado por otros personajes. La primera sesión leí hasta la página 68 [inserte aquí un breve comentario de lo leído].




La lectura de la arquitectura es una ambición que logramos más ampliamente quienes hemos sido formados en la conciencia del tiempo y el espacio. El mundo es la materia prima que se modela constantemente. Entonces me suena más y más armónica la idea que una novela y un edificio o una ciudad son más o menos lo mismo. Son desde luego una carta de amor y, ¿qué es una carta de amor? sino la construcción de un mundo que habitar.



jueves, 29 de octubre de 2015

Mila en el festival

Morelia. Seis y cuarenta de la tarde del miércoles 28 de octubre. Estoy sentada en la última fila del cine, en el asiento más a la derecha. A mi lado está Óscar, con su torbellino habitual. Empieza la proyección de los cortometrajes en competencia del Festival Internacional de Cine de Morelia. Mila es el último de la lista y Óscar lo dirigió. Los cinco cortos anteriores me parecen insufribles. Por más que busqué la emoción verdadera, no se asomó. Por fin empieza la proyección. Estoy nerviosa. Hay un momento en que no soporto seguir viendo la pantalla y busco un descanso volteando hacia el techo. Se termina, pantalla negra y un silencio denso se materializa. Después, aplausos conmocionados. 

Escribir una reseña de Mila es una tarea casi imposible para mí. Una de las razones por las que viajé a ver las proyecciones en el festival es empujarme a hacerla. Demasiadas cosas me unen y me separan de esa obra. Poner la cercanía distante es el oxímoron de estrategia.

Acabo de llegar a mi habitación de hotel de cadena gringa con dos cervezas que fui a buscar al Oxxo. Velando el sueño de Óscar y Gabriel releí secciones de la novela Canción de tumba y resonó la emoción en cada página, y de pronto, apareció la urgencia de escribir sobre hoy, empezando por la película Cemetery of Splendor que vi recién llegada a esta ciudad. Quería estar en sintonía con el inicio del módulo de poesía cognitiva en el Seminario Amparán que coordina Julián Herbert y curso cada miércoles en Saltillo. La sesión de hoy se llevó acabo sin mi presencia y me pesó, estoy enganchada e inmersa en su universo. La película va sobre unos soldados que duermen casi todo el tiempo y las mujeres que vigilan su sueño. Hay una atmósfera donde no se separan los estados, es hipnótica: la vida, la muerte, el sueño, la vigilia son omnipresentes. Como en la realidad. El sueño como la preparación para el futuro. La escena que me derrumbó es una conversación entre dos mujeres sentadas en una banca. Una de ellas tiene una pierna más corta que la otra. Se levanta el pantalón para mostrar su deformidad. La mujer que la observa toma una botella de plástico con un brebaje que acaban de preparar para ayudar a mantenerse despierto. Se hinca ante ella y vierte el líquido sobre la pierna, empezando por el pie y subiendo hasta arriba de la rodilla que no tiene forma. También besa con reverencia cada parte que es mojada. Emoción verdadera. Vinieron a mi pensamientos inconscientes sobre este acto durante el resto del día. 

Óscar desde siempre me provoca emociones verdaderas. Amistad. Frustración. Complicidad. Alejamiento. Enojo. Tristeza. Alegría. Felicidad. Envidia. Amor. Decepción. Esperanza. Asombro. Compasión. Desesperación. Me ha llevado y traído. Así es Mila: emoción verdadera. El formato, el encuadre, las actuaciones, la historia, las imágenes, la fotografía, los diálogos, el punto de vista, la trama, el sonido, están hechos con algo más allá de sí mismos. Es cruel. Oscura y lúcida. Tramposa. Hiriente. Valiente. Conmovedora. Vibra en el espectro del dolor. ¿Porqué no abrazarla, si me lanza al abismo? No concede, no es correcta. No ilusiona. Y encima muestra algo de locura. ¿Porqué no lanzarme a la emoción? Cuando el mundo construido no puede habitarse sin desquicia.

Óscar duerme en el hotel de al lado. Voy a buscarlo en mi sueño de esta noche. Cerveza y chocolate de por medio. Quiero contarle que no me alcanza el lenguaje para decirle que me sucede cuando vivo días como hoy. Y que mañana desayunaremos juntos y seguiré escribiendo mi reseña.