martes, 15 de diciembre de 2009

LAS NOVELAS


Orhan Pamuk es mi escritor favorito porque me conmueve y lloro emocionada al terminar sus novelas, hace que no me avergüence de mi vida solitaria y me sienta orgullosa.


Che gruñe abajo, en la sala, acaba de llegar el veterinario.

A veces en la vida, atacamos a quienes nos quieren curar las heridas que nos hicimos peleando.

Mi papa le sujeta fuerte la cabeza y fiel como es, solo llora un poco.

Yo bajé a acariciarlo pensando que esperaré, paciente, tener a quien curar.

PORTERIA


domingo, 13 de diciembre de 2009

83 FELICIDAD

He llegado al inicio del final: el último capítulo de la novela. Ahora me preocupa un poco encontrar el momento para leerlo. Tiene que ser de noche cuando los finales llegan. Pero, no me gusta acabar los libros que estoy leyendo, pues detesto que el mundo construido pacientemente con palabras tenga límites reales, que sea un mundo de 641 páginas en este mundo. Desde luego el universo de Kemal es ilimitado y lo habitaré con él mucho después de leer el capítulo 83. Para alguien como yo que piensa que el amor existe porque ha sentido el dolor de la espera, la violencia de mis sentimientos o el entusiasmo de que alguien este enamorado de mí, le reconforta leer un libro sobre la felicidad que conmueva, sobre todo en estos días de invierno que estoy viviendo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

¿QUÉ ES EL AMOR?

- ¿Qué es el amor?

- ¿Qué?

- Amor es el nombre dado al sentimiento de dependencia sentido por Kemal cuando mira a Füsun al pasear por calzadas, aceras, casas, jardines y cuartos y al sentarse en jardines de té, restaurantes o a la mesa para cenar.

- Hmmmm… Buena respuesta –decía Füsun-. ¿Y cuando no me ves?

- Entonces se convierte en una obsesión maligna, en una enfermedad.

martes, 1 de diciembre de 2009

DE LAS POSESIONES

Casi nunca voy al centro comercial, pero siempre volteo al techo y veo globos. Pienso mucho en las niñas a los que se les fueron esos globos. Pienso en mis posesiones y en mis perdidas. A donde se van? Tal vez no muy lejos y siguen siendo mis prisioneras. Las encapsulo en mis muros y con mis suelos y mis cubiertas, como si fuera un centro comercial. Aunque si los sueltas, los globos suben, siempre terminan en el suelo, solos, desinflados. A mi a veces los globos, se me van, se escapan, suben, corren y yo me quedo interpretando a una falsa libertadora infeliz que no los alcanza.